Cap.
4: The Beatles
-Tu casa es bien bonita, George.
-¡Hola Paul! – saludó la Sra. Louise.
-Hola sra. Louise – le sonrió.
-Voy avisarle a Charlotte que veniste para que
venga ella.
-Pero si vive en Wavertree.
-Ya no, vive al lado – subiendo las escaleras.
-¿Al lado? ¿de verdad? – siguiendo a George.
-Si... – abre la ventana - ¡Charlotte! ¡
Charlotte!
-¿Su habitación está al frente de la tuya?
¡uuuuuuuuuuy!
-Deja de ser tan...¡Charlotte!
-¡¿Qué?! – abriendo la ventana – ah, hola George.
– sonrie
-Paul ya llegó.
-¡Ya voy!
Al minuto
ella estaba entrando a la casa de George.
-Charlotte me incentivó a que te mostrara un solo
de guitarra, Paul.
-¡Lo hace muy bien! Eso debería ser suficiente para
que ese John Lennon ingrese a George.
-Bueno, te escucho amigo.
George
tomó su nueva guitarra, que su papá le regaló el 24 de febrero de este año
(1958) por su cumpleaños. Cumplió 15. Comenzó a tocar Raunchy.
Charlotte
sabía que desde que George tocara el primer acorde eso iba a convencer a Paul
para que le diga a Lennon que tiene un mejor guitarrista principal que Eric
Griffiths (era el guitarrista de The
Quarry Men) y así sucedió.
El 13 de
Marzo del 1958, John escuchó Raunchy de
George, ya que Paul se lo recomendó. Lennon había escuchado a George tocando
guitarram pero nunca le llamó la atención hasta ahora. Sin dudar sacó a
Griffiths.
George (a
los 16 años) dejó el instituo porque
encontraba que era una pérdida de tiempo (y también porque era un asco con los
estudios) a parte de tratar que la banda surga, fue aprendiz de electricidad
para poder aportar algo de dinero a la casa, por mientras. Charlotte seguía
estudiando, aunque encontraba que era una pérdida de tiempo (al igual que lo que
pensaba George) pero su madre la obligaba. Incluso le prohibió juntarse con
Harrison, ya que (según Bridgit) era una mala influencia. Pero se arreglaban
para verse. Deleasa se escapaba del instituto con la ayuda de John (que era un
experto) pero a vecese se le pasaba la oportunidad ya que Lennon se ponía a
coquetear con las chicas. En sus huídas, iba a los ensayos de The Silver Beatles ahora así se llamaba la banda.
-¿Tú no tienes novio, Charlotte? – le preguntó
Pete, el baterista.
-No... – leyendo unas partituras – me gustó este Love me do ¿quién lo escribió?
-Yo y Paul – respondió John sentandosé a su lado.
-¿Por que no? – continuó Pete.
-Porque no...¿cuál es el ritmo, John?
-No sabemos aún, quizás esta canción nunca será un
éxito.
-¿Quieres ser mi novia? – preguntó Pete.
-Si lo va a ser, Johnny...espera...¿qué me
dijiste, Pete?
George
se colocó serio.
-Si quieres ser mi novia – dijo.
-No puede, Pete – comentó Paul – es propiedad de
George.
-¡Yo no soy de nadie!
-Entonces, ¿te gustaría ser mi novia?
-George dile algo – le dijo McCartney.
-¿Por qué yo? Ella decide – respondió.
-Estas celoso – le dijo Lennon a Harrison.
-¿Y, Charlotte? – insistió Pete.
-No. No me gustas y ni me interesas.
George
sonrió.
-Veo que George está feliz – se burló Paul.
-¿Por qué no te gusto?
-No eres mi tipo.
-¿Y cuál es tú tipo? – preguntó Stuart (el
bajista) el mismo que Charlotte había visto al lado de John cuando conoció a
Paul, el mismo que ella miró detenidamente y este le sonrió con dulzura.
Charlotte
automáticamente miró a George. Pero dejó de mirarlo para que no se dieran
cuenta.
-Uno como tú, Stuart.
Sutcliffe
se sonrojó.
-¿Te gusta Stuart? ¿mi mejor amigo? – dijo
sorprendido John.
-¿Por qué
me tiene que gustar alguien? Ya, me tengo que ir...¡adios chicos!
-¡Chao! – respondierón.
Los
chicos habían tocado en lugares clandestinos pero no con mucho éxito. Tuvierón
la oportunidad de viajar a Hamburgo (Alemania) pero les fue pésimo. Deportarón
a George por ser menor de edad y entrar sin autorización de los padres. A Paul
junto a Pete lo echarón por causar algunos problemas.
Stuart
Sutcliffe falleció por un derrame cerebral. A Charlotte le había comenzado
gustar Stuart y viceversa. Fue un lindo y breve romance que terminó
abruptamente con su muerte. Aunque Sutcliffe no era el verdadero dueño de su
corazón, si no...
Pete Best
abandonó el grupo por unos conflictos que tuvo con el resto.
-Hola sra. Daysi ¿me da un kilo de pan?
-¡Charlotte! Inmediatamente... – se escuchó el
sonido de un teléfono, la sra. Daysi fue al interior - ¿si? ¿de
verdad?...¡Richard, ven atender el negocio!
-¡Ringo, sra. Daysi! ¡Ringo no Richard!
-¡Es lo mismo! – entra a la casa.
Aparece el tal Ringo (o Richard). Es algo bajito, nariz pronunciada y
ojos celestes.
-¿Qué deseas?...¡eres tú!
-¿Me conoces?
-Te ubico, te he visto en varias presentaciones de
The Silver Beatles.
-¿A sí? Soy su amiga.
-¿Más de George, no?
-¿Lo conoces?
-Conozco a mucha gente.
-¿Eso es un si?
-Claro...es súper simpático...¿tú eres...?
-Charlotte – sonrió.
-Yo Ringo... tienes bellos ojos.
-¿Yo? Pff... – rió – son comunes, los tuyos si que
son bonitos.
-Si, tienes razón...oye...necesitan un baterista
¿no?
-Si, el otro se fue...¿conoces a alguien que toque
bien?
-Lo conozco...ven, siguemé.
La llevó
hasta una sala en que había una batería en el centro.
-¿Y el baterista?
-Está al lado tuyo.
-¿Eres tú?
-¿No tengo cara de baterista?
-¿Y cuál es esa cara?
-Pues...esta... – hizo un gesto, ellos rierón.
-Jamás había visto esa cara.
-¡Que bueno ser el primero!
-Ok. ¿Me vas a tocar?
-¡¿Qué?!
-¡Lo siento! Me expresé mal, ¿vas a tocar la
batería?
-Prefiero la primera opción – dijo pícaro.
-¡Ringo! – rió – ¿vas a tocar o no?
-¡Si, ya voy!
Se sienta
y comienza a tocar.
-¿Y te gustó?
-Wow, vaya...¿cómo no te encontré antes? ¡superas
a Pete! – dijo maravillada.
-¿O sea, estoy en el grupo?
-Son ellos quienes deciden. Pero los convenceré,
además me caíste bien.
-¡Gracias, Charlotte! – la abraza.
-Oye...¿y el pan?
-¿Cuál pan?
-¡El pan!
-¿Pero cuál?
-¡El que debo comprar!
-Ahhh...¿eso ibas a comprar?
-Si...¿me lo venderás?
-¿Qué cosa?
-¡Ringo!
-¿El pan? – rió.
-Si.
-¿Cuál pan? – volvió a reir.
-¡Ya! ¡mejor me voy!
-¡No te vayas!
Te lo venderé.
-¿Qué cosa?
-El pan.
-¿Cuál pan?
-El que...¡Charlotte!
Ringo
se ofreció a acompañar a Charlotte hasta su casa.
-Mira, esperamé mañana en la calle lateral del Institute Famale n° 3431 a las 11:20
am.
-¿Te escaparas del instituto? – preguntó Ringo.
-Si. John me ayudará. Además no es la primera vez
que lo hago. De ahí vamos a ir al ensayo del grupo para que le demuestres su
talento.
-Me parece... – saca una cámara - ¡sonríe!
Sonríe.
-¿Por qué me sacaste una foto?
-Un recuerdo del día en que te convertiste en mi
amiga... – se le acerca y se sacan otra foto – 2 recuerdos. – sonríe.
-¿Después me das las copias?
-Eso iba a hacer.
-Ya llegamos, ¡esta es mi casa!
-Muy linda, al igual que la dueña.
-Para de coquetearme,Ringo – sacando las llaves.
-Pero es inevitable.
-Sé que soy inrresistible, Ringo , pero no es necesario
que me lo recuerdes siempre – rió.
-¡Uy, ella!...supongo que no me dejaras pasar.
-No lo sé... – abriendo la puerta – no hay nadie
¿quieres entrar?
-Porque no – pasa.
Bridgit
le había dejado una nota a su hija:
‘Llegaré a la madrugada por el
trabajo (más horas extras = más dinero) te quiero’
-Mi mamá no llegará, estaré sola.
-Si quieres te hago compañia.
-Por un rato, después te vas.
-Si claro... – revisando los discos vinilos que
había en la enstantería de Charlotte - ¿Hank Williams? ¿Te gusta?
-Si...pero ese disco no es mío, George me lo
prestó.
-¿Y donde vive George?
-Al lado.
-¿A sí?, ¿puedo poner música?
-Si... – lo hace.
-Ven , ¡baila conmigo! – sonaba la música desde el
tocadiscos.
-No sé bailar – mintió. Realmente no tenía mucha
experiencia.
-¿Nunca te han invitado a una fiesta?
-Si, pero las que me invitan son muy raras....raras.
-¿Sexo, drogas y rok&roll?
-La mayoría.
-¡Entonces yo te enseño! – ‘baila’
-Esto es country, Ringo – reía al verlo bailar
caulquier cosa menos country.
-¡Da lo mismo! ¡ven!
La toma
de la cintura y comienzan a ‘bailar’.
Fue una
‘mini’ fiesta. Con solo 2 invitados: Charlotte y Ringo.
-Oye...oye...Charlotte, despierta.
-¿Ah? – se refrega los ojos - ¿Me quedé dormida en
el sillón?
-Si, y yo en tu alfombra.
-¿Qué hora es? – sentandosé.
-Son las 10 de la mañana.
-Ya no fui al colegio....¡¿Y mi mamá?!
-Llamó.
-¡¿Llamó?! ¿le respondiste?
-Me hice pasar por ti...no sé como me creyó. Llega
a las 11 de la noche.
-Bueno... – bosteza – tomemos desayuno para
después ir al ensayo.
Comierón
tostadas con mermelada y tomarón un rico café calentito.
-Te fui a buscar al instituto , no estabas – dijo
John.
-Se saluda primero, John...hola Paul – le da un
beso en la mejilla.
-Hola Charlotte.
-¿Que hay, George? – lo iba abrazar pero él la
esquivó - ¿qué pasa?
-Yo a ti te había visto – le dijo George a Ringo.
-Soy Ringo Starr – sonríe – ¿Te acuerdas de mí?
-Ringo...Ringo... – pensando - ¡Ringo! ¡amigo!
Tanto tiempo sin hablarnos.
-Ringo puede ser el próximo baterista ¡toca muy
bien! – dijo Deleasa.
Finalmente, ingresó Starr al grupo.
-Ayer hiciste fiesta, Charlotte.
Iban
caminando por el centro de Liverpool.
-¿Fiesta? ¿Cuál fiesta?
-Como que cuál...¿y esa música?
-Ahh...eso...Ringo me enseñaba a bailar bien.
-¿Ringo? – dijo molesto.
-No me digas que te pusiste celoso – sonrió.
-¿Celoso? ¿yo? ¿y de Ringo? No.
-¡Es que tu cara lo dice todo! No me mientas.
-Si no me puse celoso por Stuart, menos por Ringo.
-Stuart... – suspiró – que en paz descanse. No
merecía morir.
-¿Ya superaste su muerte?
-Si. Ya superé su muerte. Aunque hizo darme cuenta
que Stuart no me gustaba de verdad.
-¿En serio?
-En serio, si no que... - *me gustas tu, George*
pensó.
-¿Si no qué...?
-¡Nada! Nada...
-Oye, si alguna vez The Beatles fuese famoso...
-Lo será – interrumpió.
-Tú... – continuó – ¿seguirás estando a mi lado?
-Lo juramos ¿no? Siempre estar con el otro.
Además, cuando sean famosos estaré a tu lado para segur apoyandote aún más.
-Para siempre – la miró sonriente. A ella le
provocó ‘maripositas’ aquella dulce mirada.
-Para siempre – repitió sonriendo.
¿Será
para siempre?

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